La culpa la tiene Netflix

Dicen por ahí que “siempre hay una primera vez” y es cierto, pues el viernes pasado fue la primera vez que pisábamos una sala de cine desde que llegamos a Barcelona hace ya ocho meses. Sí, la culpa es de Netflix, está aquí en casa, es sencillo, ya pagamos la suscripción y no hay gente hablando por el móvil o platicando la trama de la peli en voz alta, pues yo soy de lo más grinch en los cines, de esas que shhusshean a la gente que habla y las miran feo y luego salen con gastritis por el coraje que hicieron.

La peli por la que nos decidimos finalmente a pisar un cine fue Only God Forgives, en la sala 2 de los Cines Méliès, escogimos estos cines no por hipsters sino porque son los que ponen las pelis en lo que acá llaman VOSE (Versión Original Subtitulada en Español). Pero lo que quiero contar no es acerca de la peli sino de la experiencia que tuvimos al ir al cine.

El #ingenierodeprofesión y yo quedamos de vernos en el Takashi Ochiai aprovechando que está a una cuadra de los Méliès y con el plan con maña de comprar unos croissants para meterlos de contrabando y comerlos mientras disfrutábamos de la peli. Muy listillos nosotros. Pues llegamos a los cines y lo primero que nos topamos es con que no aceptan pago con tarjeta… what? Pues sí, sólo efectivo, tal vez la razón sea como la que hemos visto en algunos otros negocios: No queremos seguir enriqueciendo a los bancos. Ok, pues ni modo.

Faltaban sólo 10 o 15 minutos para que empezara la película pero no podíamos entrar hasta que la lucecita verde que está afuera de las únicas dos salas, se prendiera. Vale, esperamos afuera y como vimos un letrero amenazante muy grande  que decía que no se podía entrar con comida, nos dio pena y mejor nos comimos nuestros deliciosos cruasanes afuera del cine en lo que esperábamos luz verde.  Por cierto, también nos sorprendió que el cine no tuviera “dulcería”, supongo que todas estas peculiaridades hacen más placentera la estancia en el cine pues te libras de escuchar cuando el vecino de butaca mastica sus palomitas o sorbe ruidosamente el último trago de su Coca Cola Light. De buenas que desistimos de nuestra idea de meter los cruasanes. Qué pena.

Seguramente volveremos pronto al cine pues se rumora por ahí que ya se va a estrenar Blue Jasmine y esa sí que no me espero para verla en Netflix.

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