Nuestro viacrucis de domingo: Se nos acabó el café

Sábado, 21:00 horas. Nos damos cuenta que sólo nos queda café para mañana. Una taza cada quien.

TRAGEDIA.

Creo que ya lo había contado pero, acá, los domingos cierran casi todos los negocios. Estilo pueblo fantasma. Por lo que llamarle tragedia a quedarnos cortos de café es poco.

Pero todavía nos quedaba un poco de esperanza de que en alguno de los barrios pijos o los más turísticos, hubiera por ahí algún negocio que vendiera café en grano. Google, nuestro mejor amigo, nos encontró una página donde venía un listado de lugares que vendían lo que buscábamos. De veinticuatro, encontramos que dos “no cerraban nunca”.

SUERTUDONES.

Así que tranquilitos nos fuimos a dormir pensando que, aunque tuviéramos que caminar 7 kilómetros, tendríamos café suficiente para el domingo en la tarde, lunes en la mañana (ne ce sa rio) y bueno, el resto de la semana.

Escogimos el café de Avenida Diagonal para además, darle un mega paseo a Mika, cansarla y así matar dos pájaros de un tiro.

He aquí la ruta de nuestro viacrucis dominical.

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Después de pasar por las calles desérticas de Gràcia (debí haber tomado fotos), llegamos a Avinguda Diagonal sólo para darnos cuenta que  Il Caffè di Roma, ese que nunca cierra, estaba, sí, CERRADO. A pesar de que esta página decía lo contrario.Image

De puro coraje (en realidad el #ingenierodeprofesión tenía que ir urgentemente a un baño), y después de caminar varias cuadras desiertas, llegamos a una de estas terracitas del Eixample para pedir una caña y un bocadillo. Hey, 7 kilómetros dan sed y hambre.

Afortunadamente logramos uno de los propósitos de esta expedición al lado pijo de Barcelona:Image

“El que cambia …

“El que cambia su opinión demuestra con ello que su mente no es de piedra”
― Sōseki Natsume

A ver, que si a alguien le queda bien esta frase es a mí.

Si bien hace unos días había escrito que a esta edad es muy difícil hacer amigos nuevos, pues ahora me retracto. Bueno, poquito. Más bien creo que sí, es difícil, pero no imposible. Creo que lo que pasa es que nos forzamos a hacer nuevas amistades y ahí está el error. Esto se tiene que dar por casualidad, como no queriendo, sin forzarlo porque si no, la cosa no sale.

Hace unos minutos he estado en un café muy hipster (pero muy mono) aquí por Parlament. He quedado con Ana de vernos para tomar un cafecito y platicar. A diferencia de las primeras veces, hoy la conversación fluyó más natural. Al inicio, como en toda primera cita,  hay momentos en que no sabes qué decir y en donde abundan esos silencios incómodos, sobre todo porque no soy la mejor conversadora del mundo, entonces se complica la cosa. Pero hoy fue diferente, pasamos de un tema a otro así como si nada y se nos ha ido el tiempo volando.

Nota: No es que no la haya pasado bien las ocasiones anteriores, sí que la pasé bien, pero  la conversación se daba un poco con tropiezos lo cual yo lo veo normal. Aclaro esto por si algún día, Ana, me atrevo a compartirte este blog y bueno, me lees, pues que no se malinterprete, ¿vale?

Nota 2: El café está muy mono y olía muy bien. Ir en una segunda ocasión a probar la comida y cuando necesite grandes dosis de cafeína, pasar por un Big Latte. Tampoco vendría mal ir un día con la laptop y trabajar, para variar.

big latte

Nota 3: Pasar ahora sí, con el pretexto de mi cumpleaños, a esa pastelería que está cerca de casa.