“Vale, me lo pagas la próxima vuelta”

No tenemos ni una semana por acá y ya hemos experimentado lo que se conoce como shock cultural.

El primero fue el día que llegamos, al momento de pagar la renta del mini piso nos dijeron que el pago era en efectivo y como traíamos pocos billetes porque en Monterrey no encontramos un solo lugar donde sí tuvieran euros, nos preocupaba quedarnos sin dinero, así que al ver esto la chica encargada nos dijo: no se preocupen, pueden pagarme después. (WHAAT?)

Otro shock del estilo lo experimentamos ayer cuando sacamos a pasear a la muchacha antes de cenar (primer error). Fuimos al centro (segundo error) y con tanta tienda, forn de pa y demás, nos dio un montón de hambre así que, para aguantar, entramos a una patisserie para comprarnos un “snack”: yo un croissant de chocolate y el #ingenierodeprofesión uno salado (bo ring!), en total eran 2.40 € pero no traíamos cambio, así que estábamos a punto de devolver la mercancía cuando la señorita nos dijo: “Vale, me lo pagas a la próxima vuelta”… SHOCK. Yo creo que nos vio muy hambrientos.

Por cierto, los “snacks” nos los comimos en la calle. La gente nos vio raro.

¿Serán así porque este es un pueblito? ¿también pasará eso en Barcelona, en Madrid? Tal vez  haga el experimento en la próxima visita a la ciudad.

El siguiente shock cultural tiene que ver con el café que en realidad no es uno, sino varios:

  1. NO hay un solo Starbucks en Castelldefels (y no es que lo extrañe pero shock como quiera)
  2. He visto que acá no se estila comprar el café para llevar… uno tiene que sentarse y disfrutar su cafecito mientras lees el periódico* o platicas con el amigo-novio-esposo-lo que sea. Sí hay café para llevar pero yo creo que te miran feo si lo pides.
  3. El tamaño. Acá los cafés son chiquititos. Nada que ver con el termo que yo tenía en Monterrey y que aparte, tenía el descaro de rellenar varias veces al día.
  4. El café es bueno, qué digo, BUENÍSIMO en tooodos lados. No exagero.

*He visto que acá la gente sí compra y lee el periódico impreso. Gente de todas las edades, eh, no sólo viejitos.

Siguiendo con la amabilidad de la gente, acá ¡se paran los coches para que tú pases! ¡increíble! Uno puede estar enlelada con alguna tienda y aún así te esperan a que pases sin pitar o sonar el claxon para que te apures. Wow.

Además, no he escuchado un solo claxon de coche por acá, ¿será que no tienen? ¿sabrán siquiera que existen? Porque viviendo en la Maria Luisa y en pleno 5 de mayo cruz con V. Carranza, escuchar a la gente pitar desesperadamente en el momento (o antes) de que el semáforo se pusiera en verde era lo normal.

Tal vez es porque Castelldefels es un pueblito y yo de inocentona creo que así es en todo España. Eso habrá que verlo.

Mientras compruebo si es una inocentada mía o no, aquí unas fotos.

Image

El camino del centro a la casa

Image

Otro desayuno a base de carbs y buen café

ImageEste café es de lo más chiquistriqui que he encontrado por acá. Los chicos guapos y hipsters se reúnen aquí. Si se quieren dar un taco de ojo, basta con ver a los chicos que atienden, como que hacen casting o algo.

Image

Y remato con la foto de la NiNi mayor.

Image

Anuncios

Hemos llegado

Escribo estas líneas desde mi nuevo pisito en Castelldefels, sentada en el sillón con dos de mis  roomates, Mika y la laptop, sobre las piernas. Esto es lo que comúnmente se conoce como el home office.

Llegamos al aeropuerto de Barcelona el 1 de abril por ahí de las 8:00 a.m. y para ser mi primer vuelo trasatlántico no estuvo nada mal, eh. Salimos de Monterrey el domingo a las 11:30 a.m. (esos de Delta me impresionaron con su puntualidad), el avión chiquitito y con poca gente (bien). Como la puntualidad de Delta nos tomó por sorpresa, no alcanzamos a darle a la muchacha su coctelito de Valium que le recetó el vet, así que yo estaba con el Jesús en la boca porque no sabía cómo iba a portarse esta perrita prepotente en pleno vuelo. Las 2 horas de Monterrey a Atlanta pasaron rápido y la muchacha, dormida todo el camino. Fiuf!  Sólo ladró un momentito ya cuando estábamos en Atlanta esperando en la fila de migración, lanzaba unos ladridillos cada vez que lloriqueaba algún bebé (de tal palo, tal astilla) pero afortunadamente el lloriqueo fue momentáneo.

Como vimos niños y bebés en la fila del avión que nos llevaría a nuestro destino final, le dimos a Mika su shotcito de Valium para prevenir. De verdad que no sabemos si le hizo efecto o no pero la muchacha ni chistó en las casi 8 horas que duró el vuelo. Nosotros, sus humanos, tratamos de dormir lo más posible para evitar el famoso jet lag. Yo desperté pensando que había dormitado unos 40 minutos y para mi sorpresa habían pasado ya casi 7 horas, así que casi ni sentí el vuelo.

A todo esto, lo que pensábamos que iba a ser una lata y que podría causarnos problemas antes, durante y después del viaje no fue para nada problemático o gorroso. Los trámites para traernos a Mika salieron rápido y sin problemas. Llegando acá, en el aeropuerto, sólo le pasaron un escáner para confirmar que trajera el chip identificador y ya. Muy amables todos, por cierto, nada que ver con el trato que recibe uno en migración de EU donde te reciben con mala cara.

Lo que sí fue una lata, más que ajustar las maletas a 23 kilos,  fue la acompañante incómoda del #ingenierodeprofesión, su Mac ¡de escritorio! que insistió en traérsela al otro lado del mundo y por quien tuvimos que sacrificar casi 20 kilos de ropa, zapatos y cosas ultra importantes como mis stickers, stationary  y mi caja de random crap de aquí y de allá que no me alcancé a traer.

Pero ya estamos aquí con todo y Mac de escritorio la cual, por cierto, está aquí a mi lado todavía empaquetada porque al parecer al ingeniero no le van a permitir llevar su propia computadora… Oh, the irony!

Del departamentito sólo puedo decir que es eso, un departamentitititito más pequeño de como lo imaginábamos pero tiene todo lo que necesitamos, está en una zona muy linda y de vecino tenemos un pequeño cine que nos advirtieron, es de cine alternativo y al parecer, en idioma original (esto aún no lo confirmamos), así que, no me quejo.

Ah, por cierto, llegamos a Castelldefels en pleno día feriado así que nuestra primera impresión del lugar fue que, además de bonito, es muy tranquilo y silencioso, que puede que haya sido porque era festivo pero al parecer así es siempre, ya veremos. Paseamos por el centro con la muchacha y luego fuimos a comprar cosas básicas como adaptadores para conectar los celulares, laptop, etc. y shampoo y jabón. Las pocas tiendas que estaban abiertas se encontraban en una plaza comercial (como los malls de Monterrey) donde además de tiendas como Zara y  H&M, también hay un supermercado que se llama Mercadona. Me sorprendió que uno puede ir al shopping y al super con el perro, de haber sabido nos hubiéramos llevado a la muchacha.

Nosotros, inocentones, se nos ocurrió ir a buscar qué comer en plena hora de la siesta y aparte, en día feriado así que encontramos pocos lugares abiertos y nuestra primer comida en España fueron unos entrepanes que pues, literalmente eso son: salchicha entre dos panes (o sea, hot dogs) o jamón y chorizo ibérico entre dos panes… sin nada nadita más que eso, así secos y uno se tiene que pasar el mazacote con cerveza, vino o Fanta. No es queja. Por fortuna el mesero nos vio cara de extranjeros y nos ofreció ketchup y mayonesa para humectar un poquito nuestra comida. Decidimos acompañar los entrepanes con unas patatas bravas (que de bravas no tienen nada pero eso sí, muy deliciosas) y una jarra de cerveza… hago un paréntesis aquí para explicar el primer shock cultural: pedimos una jarra de cerveza pensando que era precisamente eso, una jarra de cerveza pero, oh sorpresa, nos topamos con que su concepto de jarra es lo que nosotros llamamos tarro cervecero (¡y de los chiquitos!). Fuera del tamaño, el sabor no decepcionó para nada así que en realidad disfrutamos nuestra comida y el precio, nada mal.

Otra inocentada (que seguro no será la última): querer comprar vino y pan (warning!) para la cena a las 4:00 p.m. en, repito, día feriado… Afortunadamente no tuvimos que ir otra vez hasta el Mercadona porque en el camino nos topamos con una tiendita abierta, una especie de tiendita de la esquina-oxxo-licorería y fue ahí donde compramos un Freixenet para celebrar ¡a tan sólo 7 €!, una baguette, quesito y chorizo. Sí, otra vez entrepanes (warning!).

Y bueno, ese fue el primer día por acá. Y claro, no pueden faltar las fotos, que sólo de la primera parte del viaje no tengo porque los gringos son muy paranoicos y no dejan ni sacar el cel, y bueno de los entrepanes tampoco tengo fotos porque uno tiene que concentrarse mucho no ahogarse con semejante mazacote.

20130401_084219

El #ingenierodeprofesión en el aeropuerto de Barcelona

20130401_084335

20130401_110400

Aquí se puede apreciar el mini mini mini pisito, la muchacha y la susodicha Mac de escritorio del #ingenierodeprofesión

Aquí se puede apreciar el mini mini mini pisito, la muchacha ahí medio camuflajeada y la susodicha Mac de escritorio del #ingenierodeprofesión todavía empaquetada, claro.

Con este baño tan pequeñísimo a uno no le dan ganas de bañarse

Con este baño tan pequeñísimo a uno no le dan ganas de bañarse

Freixenet a sólo 7 euritos... bueno, 8.

Freixenet a sólo 7 euritos… bueno, 8.