Una buena y una mala

La buena: Nos vamos pero ¡REGRESAREMOS!

La mala: Tener que volver a ese pequeño infiernillo que es hacer los trámites para conseguir un nuevo visado.

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Llego tarde a todo

A casi un mes del último post todo ha pasado tan rápido que de repente salí a la calle y me encontré con luces navideñas y uno que otro pinito por ahí. Hace dos semanas, junto con el frío y la lluvia, llegó el fin de cursos y con ello la hibernación adelantada y forzosa. Pero ahora estoy “libre” y el clima ha mejorado así que me he atrevido a salir más (poquito más) (cualquier cosa) (casi nada).

Un día salí y me topé con esto:

De repente salí un día y me topé con esto

Ya sin lluvia pero con mucho frío, el #ingenierodeprofesión y yo fuimos a la presentación del libro Senos y huevos de Mieko Kawakami y aunque la autora no estuvo presente (sí los traductores) me dio la oportunidad de conocer un poquito más sobre la escritora, hasta entonces desconocida para mí, y también de pisar por primera vez la librería Haiku, un pequeño pero bonitísimo venue lleno de objetos de deseo que se encuentra en el barrio de Gracia. Vale la pena visitarla.

Esto me recuerda que tengo pendiente comprar y leer el libro (¿lo tendrán en ebook?)

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Los barrios pijos se llenaron de luces:

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Esta semana Enrique Vila-Matas presentó su libro Fuera de aquí en La Central. Siendo esta mi segunda oportunidad, tal vez la última, de pedirle un autógrafo como la fans trastornada que soy. Claro, para esto tendría que haber comprado el libro o cualquier libro de él para que lo firmase pero ahora, con nuestra vida de nómadas no podemos darnos el lujo de llenarnos de libros por cuestiones de espacio (y claro, de $$$). Así que decidimos, con el pretexto del #DíadelasLibrerías, comprar dos que tres libros del autor pero en formato digital. Así que el día de la presentación no llevé libros pero sí mi Nook y aunque una librería está llena de tentaciones, nos limitamos a comprar nuestras respectivas libretas para el 2014.

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Llegamos temprano y aprovechamos para tomarnos una cañita en la cafetería que, convenientemente, estaba justo al lado de donde se llevaría a cabo la presentación. ¡Cómo me gustan las librerías españolas! que no se andan con cosas, no como las mexicanas (específicamente las librerías mochas regias) donde lo más que te puedes tomar es un café o una coca light.

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Si ponen atención, en la foto anterior se puede ver en la esquina inferior derecha, una mano con un iPad. Nunca fallan, siempre habrá la personita que lleva su iPad para tomar fotos o, ¡peor aún!, video durante toda la presentación. Afortunadamente esa cabellera canosa que se alcanza a ver ahí adelante, le tapó totalmente la vista a esa señora que se disponía a grabar la presentación entera con semejante aparato.

Aprovecho la ocasión para declarar que otros personajes que me caen re gordos son esos que van a las presentaciones de libros, llegan temprano y se ponen en primera fila a leer ahí el libro que presentarán (el cual, por cierto, ya están a más de la mitad). Bitch please

Inició la presentación y saqué mi respectivo aparatejo para tomar una foto y ya. Conste.

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¿Se alcanza a apreciar la mirada fulminante de Gabastou (el traductor de Vila-Matas) hacia mi persona?

Cuando Gabastou le preguntó a Vila-Matas por qué en sus libros no habla de su barrio, sino que en su lugar, se refiere a éste como “el barrio de Juan Marsé”, el escritor contestó: porque siempre “llego tarde a todo” Cuando llegué al barrio, Marsé ya estaba ahí. Y en ese momento, saqué mi saco y me lo puse porque me quedaba a la perfección.

Y que termina la presentación y que me pongo en la fila de los autógrafos y que saco mi Nook para que me lo firme. Temí por mi vida pero no pasó nada y salí con autógrafo en mano, a pesar de que con el nervio, se me olvidó comentarle al señor Vila-Matas que ahí llevaba sus libros, en su versión metafísica.

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¿Habrá notado las calcas?

La culpa la tiene Netflix

Dicen por ahí que “siempre hay una primera vez” y es cierto, pues el viernes pasado fue la primera vez que pisábamos una sala de cine desde que llegamos a Barcelona hace ya ocho meses. Sí, la culpa es de Netflix, está aquí en casa, es sencillo, ya pagamos la suscripción y no hay gente hablando por el móvil o platicando la trama de la peli en voz alta, pues yo soy de lo más grinch en los cines, de esas que shhusshean a la gente que habla y las miran feo y luego salen con gastritis por el coraje que hicieron.

La peli por la que nos decidimos finalmente a pisar un cine fue Only God Forgives, en la sala 2 de los Cines Méliès, escogimos estos cines no por hipsters sino porque son los que ponen las pelis en lo que acá llaman VOSE (Versión Original Subtitulada en Español). Pero lo que quiero contar no es acerca de la peli sino de la experiencia que tuvimos al ir al cine.

El #ingenierodeprofesión y yo quedamos de vernos en el Takashi Ochiai aprovechando que está a una cuadra de los Méliès y con el plan con maña de comprar unos croissants para meterlos de contrabando y comerlos mientras disfrutábamos de la peli. Muy listillos nosotros. Pues llegamos a los cines y lo primero que nos topamos es con que no aceptan pago con tarjeta… what? Pues sí, sólo efectivo, tal vez la razón sea como la que hemos visto en algunos otros negocios: No queremos seguir enriqueciendo a los bancos. Ok, pues ni modo.

Faltaban sólo 10 o 15 minutos para que empezara la película pero no podíamos entrar hasta que la lucecita verde que está afuera de las únicas dos salas, se prendiera. Vale, esperamos afuera y como vimos un letrero amenazante muy grande  que decía que no se podía entrar con comida, nos dio pena y mejor nos comimos nuestros deliciosos cruasanes afuera del cine en lo que esperábamos luz verde.  Por cierto, también nos sorprendió que el cine no tuviera “dulcería”, supongo que todas estas peculiaridades hacen más placentera la estancia en el cine pues te libras de escuchar cuando el vecino de butaca mastica sus palomitas o sorbe ruidosamente el último trago de su Coca Cola Light. De buenas que desistimos de nuestra idea de meter los cruasanes. Qué pena.

Seguramente volveremos pronto al cine pues se rumora por ahí que ya se va a estrenar Blue Jasmine y esa sí que no me espero para verla en Netflix.

5, 4, 3, 2, 1 y adéu!

Anoche soñé que estábamos en el aeropuerto ya listos para regresar a México, no sin antes visitar Passeig de Gracia (what?)…
El caso es que el sueño me hizo pensar en lo rápido que pasa el tiempo y los escasos cinco meses que nos quedan por vivir en la linda Barcelona.  CINCO: Lo que queda de noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo y adéu!

Este sueño premonitorio también me hizo pensar en las cosas que extrañaré de acá y las que no, las diferencias entre Cataluña y México (más específicamente, con regiolandia), los pros y los contras de vivir en España… las diferencias entre aquí y allá.  Ya había escrito algo parecido por acá pero más enfocado a mis primeras impresiones sobre la comida (obviii). Por eso, en esta ocasión quisiera ir más allá del asunto gastronómico y, cual enfermo terminal al que le acaban de pronosticar sólo cinco meses de vida, tratar de disfrutar al máximo los pequeños detalles que hacen de Barcelona una ciudad en la que uno se quiere quedar a vivir (Ugh, cursi).

Y hablando de pequeños detalles…

Recuerdo que una de las primeras impresiones que tuve de la ciudad era que todo era muy pequeño, diminuto… empezando por el CAFÉ. Sé que acabo de decir que quiero ir más allá de lo gastronómico pero este punto es sumamente importante: Acostumbrada a tomar cantidades industriales de café en casa, en la oficina, al refill del VIPs o del Palax y al venti del Starbucks, llegar a Barcelona y encontrarme con sus diminutas porciones de café fue francamente devastador. Los cafés acá en Europa son el equivalente a lo que nosotros llamaríamos en México Chiquito pero picoso, pero en este caso en nivel de intensidad. Su relaxing cup of café con leche es casi equivalente a un espresso en México, no sólo en el sabor sino también en el tamaño (di mi nu to). Claro que hay sus excepciones, como los escasos Starbucks que hay en la ciudad (creo que sólo he visto dos… DOS) y algunos cafecitos de modernos que ofrecen versiones un poco más grandes para nosotros los guiris que no sabemos tomar café. Ejemplo ilustrativo:

Kousuke, mi gnomo viajero, es ¡más grande que mi taza de café!

Kousuke, mi gnomo viajero, es ¡más grande que mi taza de café!

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Un café con leche y un café para guiris

Y con fines educativos, aquí un ejemplo de un guiri, según los españoles:

Tí pi co

Tí pi co

Siguiendo con el tema de lo pequeño y diminuto, pasemos ahora al segundo shock: el tamaño de los pisos o departamentos.

Creo que este ha sido uno de los principales retos de vivir acá: acostumbrarse al tamaño de las viviendas y sorprenderse por lo mucho que pueden hacer en tan poco espacio y por poco me refiero a 25 metros cuadrados.   La verdad es que si bien ha sido un reto también me sirvió de aprendizaje, podría decir que ya me acostumbré a vivir en chiquito y me sorprende cómo es que vivíamos en un espacio tan grande en Monterrey, donde nos encanta tener unas casonononas aunque luego te veas en la necesidad de contratar a una muchacha para que te ayude a limpiar porque nomás no te das abasto. Hasta creo que ahora que regresemos, me gustaría vivir en un espacio más pequeño, eso sí, con espacio para mis plantitas.

Esto no se acaba aquí, pues la pequeñez también la encuentras en las calles, en las tiendas, los mini mini mini supermercados, los restaurantitos… etc.  Lecciones que me ayudarán a disminuir el shock cuando, algún día, vaya a Japón.

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Las callecitas de la Ciutat Vella

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El Petit Xaica, chiquito pero DELICIOSO

Lo pequeño no sólo se limita al tamaño literal de las cosas sino también a los pequeños negocios o changarros como les llamamos en México donde, por cierto, escasean cada vez más. Acá los “grandes” supermercados son en realidad pequeñísimos, nada que ver con mastodontes como los HEB, Walmart y SAMs de México y los encuentras en cada esquina, el equivalente a los Oxxos y Sevens de allá. La gente no acostumbra a ir al super y salir dos horas después con bolsas y bolsas de mandado pues acá vamos al super prácticamente todos los días y no todo lo consigues en el mismo lugar, ejemplos:

  • La carne de res (ternera) y el pollo se compran en la carnisseria (carnicería)
  • Que quieres pescado, vale, pues te pasas por la peixateria
  • El pan en la panadería (duh!) para los catalanes, la fleca
  • Si quieres carne de cerdo (chorizo, fuet, butifarras, tocino, etc.) vas a la xarcuteria 
  • Para el vino y cava, la bodega
  • Las frutas y verduras, mejor en la frutería
  • Para las compras de último minuto o después de las 9:00 pm: en los alimentación, que tienen de todo un poco
  • Si quieres aspirinas, curitas, alcohol o cremas para la cara, hay que ir a la farmacia porque en el super no hay nada de eso
  • Para la compra de lipstick, maquillaje, pinzas para la ceja… en fin, apenas en una perfumería o en el Schlecker porque sí, tampoco encuentras nada de eso en el super. Ahora que si eres asalariada, acá hay Sephora
  • En caso de que necesites platos, cuchararas, sartenes, copas, utencilios de cocina en general y no quieres ir hasta el IKEA, ahí están las ferreterías
  • Para todo lo demás. Sí, TODO: los bazares chinos

Otros servicios:

  • Si quieres un café, una cerveza o un vinito: en tu café, bar o granja más cercano. Da lo mismo, en los bares se sirve café, en los cafés se sirve cerveza… y a todas horas.
  • Para cortarse el cabello o hacerse una manita de gato uno va a la perruquería (la primera vez que lo vi pensé que era una peluquería para perros… ups!)
  • Si quieres darle una boleada o arreglada a tus zapatos: en el rápido
  • Para hablar de un teléfono público, internet, imprimir, etc. están los locutoris

Ahora, no hay que hacer grandes recorridos en un típico día ya que todo lo tienes muy cerca. Tan solo en esta cuadra (y considerando que es una cuadra MUY pequeña) tenemos lo siguiente:

  • Tan solo abajo de este edificio: una fleca y una bodega
  • En el edificio de al lado: un bazar chino
  • A dos edificios de aquí: un granja
  • En los edificios de enfrente: un super (Dia%), dos alimentación, una frutería, dos  locutori, un rápido y una tienda de telas
  • En el parquecito de enfrente: un puesto de periódicos y revistas, una mercería y papelería
  • En una esquina: otra fleca/café
  • En otra esquina:  una farmacia y una perruquería

OJO: todos estos negocios generalmente cierran a la hora de la siesta (entre 1:00 y 5:00 pm) y los domingos (¡!), esto nos costó trabajo entenderlo y nos ha traído uno que otro problema. Ah y algunos de ellos cierran TODO AGOSTO, pues acá se toman muy en serio las vacaciones. Excepto los alimentación, esos siempre abren.

En fin…

Al #ingenierodeprofesión y a mi nos encanta no tener que agarrar el coche para ir al super (que por cierto, no extrañamos para NADA manejar) y disfrutamos mucho hacer compras en cada uno de estos lugares, aunque implique ir de un lado al otro (darle la vuelta a la cuadra).

Por cuadra me refiero más o menos a este espacio:

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Probablemente se me han escapado muchos detalles, pero todavía tengo tiempo… en estos cinco meses de vida que le quedan al blog seguro habrá muchas cosas qué contar.

Peripecia del día: Se acabaron los donuts

Abro Twitter y veo que en mi TL se ha desatado un drama en torno a unas Donuts y unas cosas que llaman Bollycaos.  Confundida al no saber por qué tanto drama, googleo.  Ah vale, son panecillos.

¿Cuál es el drama? pues que a partir del 13 de octubre ya no habrá más de esos panecillos en los supers y alimentación del barrio. Supongo que son deliciosos pues todos se lamentan de la terrible noticia. Tal vez sea un buen momento para probarlos por primera vez antes de que pare la producción. Total, sí me encantan y me vuelvo loca por los bollycaos pues qué importa, a partir del 13 no habrá más.

En realidad, el verdadero drama no es que pronto muchos estaremos estarán necesitando su dosis de carbs complejos, sino que detrás de esto está una huelga indefinida que ha sido convocada por falta de pago: a los trabajadores no les abonaron la nómina de septiembre y de ahí la huelga.

La cosa no pinta nada bien.

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Hoy en Peripecias vecinales: “Les voy a mandar a la Guardia Urbana!!!”

Mientras espero pacientemente a que mis compañeros de equipo de ‘Historia de la ciencia’ se pongan de acuerdo y en orden alfabético vayan ejerciendo su protagonismo yo trato de no quedarme dormida porque hoy me toca subir el trabajo. Son las 2:33 am y todos duermen. El camión de la basura pasa por enésima vez y como Twitter e Instagram andan muy flojitos hoy, aprovecho para contar el más reciente encontronazo que hemos tenido con la vecina de abajo.

El viernes se nos averió el desagüe de la ducha (regadera, para los mexicanos). Ana ya nos había advertido que esto podría pasar. Y pasó. Resulta que el desagüe o la regadera o el baño completo o el edificio o todos los anteriores, no sé, ALGO se movió de su lugar y ahora cada vez que nos bañamos el agua no se va por el resumidero.

Para nuestra desgracia, parte de esta agua le ha estado cayendo a la vecina de abajo y sospecho que justo arriba de donde suele poner su barita de incienso porque está FURIOSA.

Ana ya le habló a la aseguradora (así se estila acá) y quedaron de venir el lunes a ver la situación y analizar que se puede hacer para reparar la avería. Pero mientras tanto, tenemos a la vecina encima, llamándonos constantemente para recordarnos que le ha caído agua y que si cae una gota más nos mandará a la Guardia Urbana.

La señora no entiende razones. No escucha ni está dispuesta a hacerlo. Ya le explicamos que la solución no está en nuestras manos y que se está haciendo todo lo posible para que se arregle pronto. Pero nada, ella exige que no le caiga una gota más y nos ha hecho un “teatrito” desde el interfono del edificio.

¿Será que la Guardia Urbana catalana realmente tenga el tiempo (y las ganas) de atender estos pleitillos vecinales?

Mientras tanto, queda prohibidísimo ducharse en la casa y eso sólo nos obliga a hacer un regreso temprano y forzoso al gimnasio. ¿Se verá muy descarado si sólo voy a ducharme?

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